Los fines de semana, cuando me quedo solo en casa, trato de limpiar un poco la sala y la cocina, lavar los trastes, lavar mi ropa y sacar la basura. No me gusta usar audífonos mientras hago esas cosas y tampoco soy fan del silencio, así que pongo música en mi computadora.
Sobreviviente a casi cuatro años de golpes y malos tratos, mi computadora ya no es precisamente portátil. Ahora está todo el tiempo en el escritorio de mi cuarto y trato de moverla lo menos posible. El sonido no tan bueno, combinado con la forma de mi casa, no alcanza a llegar a la cocina., de modo que cuando lavo los trastes y limpio la cocina la casa está en silencio para mí.
La música me distrae de pensar mientras estoy limpiando la sala, pero cuando llega el momento de limpiar la cocina estoy a merced de mis pensamientos. Este es el tiempo que aprovecho para pensar en lo que he hecho en la semana y sonreír por los buenos momentos que pasé o lamentarme por los que dejé pasar; pienso en los planes que tengo y me lleno de esperanza; pienso en las personas que no he visto en mucho tiempo, en las que voy a ver pronto.
Lavar los trastes ahora es un momento para mí, para disfrutar de mi soledad. Se ha convertido en un momento de reflexión, donde pienso en las personas y momentos que son importantes para mí. Ahora me gusta lavar los trastes... a veces.
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