Esta es la historia de cómo me deshice de mi computadora:
Cuando fui consciente de que la tenía estaba muy feliz. Sentía que era muy útil y la usaba siempre que había ocasión. Me repetía a mí mismo que ésta era una herramienta muy buena, que podría hacer muchas cosas con ella. Descubrí que también me servía para pasar momentos de ocio, me entretenía cuando no tenía nada que hacer.
Pasó algo de tiempo y dejó de gustarme mi computadora. Me ha ocasionado algunos problemas porque las cosas no las hace como debería. Más de una vez la he maldecido y he querido deshacerme de ella. La verdad es que no me atrevo. Siento que no es algo de lo que una pueda deshacerse tan fácilmente. Es necesario buscar un depósito adecuado para desecharla.
Mi computadora ahora me causa más problemas que gustos y ya he averiguado dónde y cómo podría tirarla. Mi excusa para no hacerlo es que no confío en esos depósitos pero la verdadera razón es que me he acostumbrado a mi computadora. Creo que no sabría enfrentarme a la vida sin ella.