Me sorprende la falsa sensación de cercanía y contacto con la gente que me produce el internet. Hace no mucho había ocasiones en que creía haber hablado con algunas personas acerca de un tema cuando en realidad lo había leído en alguna red social. Había cosas que daba por hecho que todos sabían de mí porque lo había compartido en facebook o lo había tuiteado. Incluso esperaba que las personas supieran cómo me sentía en base a mi actividad en estas redes.
Se supone que hay ventajas en esto. Puedo estar en contacto con mis amigos y familiares que viven lejos. Se supone que internet reduce, de algún modo, la distancia con mis seres queridos. Se supone que nos mantiene conectados sin importar dónde estemos.
Quizá soy de esos a los que nada les parece pero creo que esta cercanía virtual empeora la situación. En el pasado podía olvidarme de las personas que no tenía cerca. Estar al tanto de lo que pasa en sus vidas es, en muchos casos, tan solo un constante recordatorio de que no estoy con ellos. Se me presentan imágenes de momentos que no podemos compartir. Sólo me hace extrañarlos más.
Por el momento debo contentarme con la certeza de que pronto nos volveremos a ver.
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