martes, 5 de noviembre de 2013

Herencia

Durante el embarazo de mi hermana, del que nació mi sobrina Ceci, yo estudiaba lejos de casa. Un poco por la distancia y un poco por el hecho de que no nos visitábamos con tanta frecuencia, no estuve muy al tanto de cómo la pasaba mi hermana en esos momentos. Incluso después que mi sobrina nació, recuerdo haberla visitado muy poco. Después, no recuerdo por qué, la relación con ellas se volvió más cercana y ahora son de mis personas favoritas.

Con el reciente embarazo de mi otra hermana la cosa ha sido un poco distinta. Aunque tampoco estoy muy enterado de la situación, porque la distancia no me lo permite, lo he seguido un poco más de cerca y me emociona saber que pronto nacerá.

Me parece interesante el entusiasmo por el nacimiento de este bebé, que se pueda sentir cariño por alguien a quien ni siquiera he visto sino a través de un aparato. Muchas veces escuché que la mejor herencia que nos pueden dejar los padres al morir es la educación y creo que lo mejor que nos dan cuando nacemos es el amor y el cuidado que recibimos de desconocidos, como extensión del cariño que sienten por nuestros padres.

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